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Él remienda su ropa. Arruga el ceño al clavar la aguja. Salen puntadas rectas, un dibujo limpio. Cuando yo lo hago con mi ropa me mira nervioso. "¡Déjame a mí!"-dice-. Y luego, más bajo, cuando yo le paso el vestido: "Déjame a mí, anda".
pues si, verbenilla, déjale a él. Tu pinta un ratito por la mañana y otro por la noche ¿vale? cada un@ a una cosa
belen  
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